Lo que no significa que nos quedemos sentadas y no hagamos campaña, o aún peor, que no vayamos a las urnas. Debemos usar todas nuestras armas cada puñetero día de nuestras vidas, debemos pelear por cada ley, protestar por cada discriminación cotidiana, manifestarnos sin cesar en Albany y en Washington, cuestionar a todos los hombres en todas las cenas, pelear por el trabajo, el reconocimiento, la vivienda y la igualdad en el cuidado de los hijos.