Ya no podíamos pensar en cosas tan lejanas como la esperanza o un futuro feliz: ¿cuánta hambre tendríamos en dos minutos? ¿Cómo haríamos para aguantar otro minuto? Nuestras mentes no conseguían enfocarse en nada más que lo inmediato. Solo podíamos concebir un tiempo lleno de hambre, sentía que ya no era yo quien caminaba en la oscuridad infinita, sino un estómago. Podía sentir que el tiempo, para mí, se medía en términos de mi estómago.