En el momento de la muerte confesaban por fin su desesperación y corrían, veloces, hacia las grandes puertas sombrías que les abría, abandonando sin mirar atrás la llanura estéril en donde se habían perdido sus vidas, avanzando hacia un más allá que quizá no existiera, pero preferían la nada a la sucesión inútil de días vacíos y sé que en aquel momento me amaban.