En toda escritura de ficción hay una negación del yo o al menos un retiramiento. Escribir es salirse de sí, desubicarse. Excluirse. La pulsión a inventar es la de ser otros, la ambición de ser múltiple. Inventar tiene un componente de atrevimiento prometeico que los niños entienden muy bien (por algo muchos de sus juegos de invención se juegan a escondidas y en voz baja, a solas con esos testigos mudos que son los muñecos).