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Pelos

  • Alejandra Olivaresцитирует3 месяца назад
    Cuando digas que te peinas, di que te resumes. Qué es peinar sino resumir, condensar millares en coletas. Abreviar el pelo y abreviar el pensamiento y creer en el más allá que es un tupé muy alto aunque no sé si muy práctico. Te peinas cuando dices hola y no besas. Te peinas a la hora de cruzar la calle, cuando en vez de mirar los coches y las motos y todas las reverberaciones de luz en todas las carrocerías, miras solo el color del semáforo. Peinar es armar una estantería donde hubo tornillos, brocas, perforaciones, baldas, anclajes, un vecino gritando que dejemos de hacer ruido. Porque me peino me soportan a veces y a veces no me soporto. Peinarse es, al fin y al cabo, morir un poco.
  • Alejandra Olivaresцитирует3 месяца назад
    Bendigo al que me abandona, al que no me conoce, al que no conozco. Bendigo al que soñé porque no existe y porque puedo seguir soñándolo. Al que me ignora, no, a ese no lo bendigo. Pero sí al que me traicionó con una ex, con una amiga, con alguien a quien pagó, aunque creo que esto no cuenta.
  • Alejandra Olivaresцитирует3 месяца назад
    Bendigo al que me abandona, al que no me conoce, al que no conozco. Bendigo al que soñé porque no existe y porque puedo seguir soñándolo. Al que me ignora, no, a ese no lo bendigo. Pero sí al que me traicionó con una ex, con una amiga, con alguien a quien pagó, aunque creo que esto no cuenta.
  • Bonzo Poeцитирует7 месяцев назад
    Identidad

    Cuando Barbazul envejeció, sus cabellos se volvieron blancos y los aldeanos dejaron de reconocerle. Arruinado y solo, con un largo historial de esposas asesinadas en su haber, decidió purgar sus crímenes una noche de invierno. Se puso una capa roja y recorrió todos los hogares del condado, devolviendo a cada familia las joyas y otras pertenencias de las doncellas muertas. Cuando le abrían la puerta, se presentaba con su verdadero nombre, Claus.
  • Bonzo Poeцитирует7 месяцев назад
    Media abuela

    Siempre tuve media abuela. Me miraba con su único ojo, me abrazaba con la mitad de las costillas y apenas un pecho. Respiraba con un pulmón y cuando escuchábamos música, ponía la oreja izquierda hacia los altavoces. Un día, mamá cavó un agujero junto al haya roja. Enterramos la cajita con sus cenizas y las trenzas que le cortaron a los quince años. Aunque murió la mitad de ella, la lloramos entera.
  • Bonzo Poeцитирует7 месяцев назад
    Memoria en blanco

    La mujer se encuentra una cana. Es la primera y le recuerda los bizcochos de naranja y los cuentos al calor del brasero de su abuela, pero se siente demasiado joven para tener el pelo blanco así que de un tirón se la arranca y ese tirón extirpa la memoria y la abuela y de pronto siente frío y no recuerda el olor de un bizcocho y es incapaz de saber quién es esa mujer que la abraza en las fotos.
  • Bonzo Poeцитирует8 месяцев назад
    Abandono

    ¿Recordáis cómo la pantera rosa se metía en una lavadora y salía convertida en una pelusa flotante y rosa? Así me siento yo cuando me dices que te vas. Como una lavadora con la puerta abierta.
  • Bonzo Poeцитирует8 месяцев назад
    Mucho gusto

    Morder un caramelo de limón que sepa a flores marchitas es improbable. Chupar las cadenas de un columpio y sentir dulzor es inesperado. Lengüetear tu sexo y notar miles de culebrillas deslizándose por mi garganta es el placer.
  • Bonzo Poeцитирует10 месяцев назад
    Aire

    Ella parpadea y sus pestañas desencadenan los vientos. Él suspira y de su boca emerge un huracán. Y mientras en los mares se desata la galerna, ellos vagan por la tierra, destinados al desencuentro.
  • Bonzo Poeцитирует10 месяцев назад
    Infidelidad

    Mi mujer sostiene la puerta de casa y me mira furiosa. Está a punto de abandonarme y no sé qué hacer para detenerla. Bueno, sí lo sé: afeitarme. Aunque soy un fanático de la higiene, hace tiempo que no cuido mi barba y la he dejado crecer selvática y descontrolada hasta desbordar la paciencia de mi esposa. No entiende por qué he cambiado, por qué no voy al peluquero, por qué soy tan cerdo. «Tienes que elegir: o ella o yo», exclama desde el recibidor. Y yo siento un nudo en el corazón, mientras me repito en voz baja que con «ella» se refiere a la barba, claro, y no a esa otra mujer de sonrisa arrebatadora que vive escondida entre los pelos de mi mentón.
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