Supongo que, aunque el buen lector infantil suele ser más devorador que gourmet, en ese momento empecé a diferenciar y a preferir ciertas lecturas, como las que antes mencioné. Ahora creo que hay una marcada tendencia a adelantarle el trabajo al niño y al adolescente; incluso en ciertas universidades se reduce la cantidad de textos literarios obligatorios para no agobiar. De mi experiencia, es decir, de mis numerosos fracasos, y de las preocupaciones con las que me iré a la tumba, saco otras conclusiones. Si bien entiendo que el restringir campos es una medida para evitar que los estudiosos sean aniquilados, víctimas de agotamiento abarcativo, desde que empecé a orientar mis lecturas me resistí a la reducción, sea esta temática o geográfica.