Yo siempre me he sentido miserable, enormemente miserable, como te lo he dicho varias veces. Mucho, porque yo he querido serlo, mucho porque me han hecho sentir que lo soy. Me han golpeado, sabes, me han dado duros golpes en eso que le llaman sentimiento. No sé quién; pero sí sé que a veces, cuando me examino el alma, la siento un poco quebrada.
Y tú me has aliviado, simplemente, de la manera más sencilla, has puesto parchecitos allí por donde se me salía el ánimo, donde yo más los necesitaba.