Unas páginas que revelan con toda su desnuda y cruda verosimilitud aquel vergonzoso y transformista período de la posguerra, con el espectáculo impúdico de la corrupción, de las luchas por el poder y los intentos desesperados por satisfacer miserablemente a los «nuevos dueños» de la situación, con el objetivo de escalar puestos en la frenética, caótica y rapaz etapa que llega tras el fin de las contiendas. También la aparición de esos «pactos cínicos de sobrevivencia» que muchos acabarán aceptando. Dirá Márai:
En aquellos momentos, aún intentaba regatear. ¿Abandonarlo todo? ¿La lengua, la literatura húngara? ¿La solidaridad extraña e inconcebible pero real de la comunidad lingüística? ¿Qué ocurriría si intentase quedarme? En la guerra y el amor todo está permitido: ¿qué pasaría si me disfrazara, si comprara con engaño y disimulada conformidad, la posibilidad de la soledad, del retiro, del silencio? Incluso en los regímenes dictatoriales más duros existe esa posibilidad. El terror es peligroso porque tiene miedo. Si ve que se le teme, a veces acepta el regateo. Algunos compañeros de viaje de los comunistas que sentían la necesidad de que otros también se comprometiesen trataban de convencerme con buenas palabras de que incluso en la Unión Soviética existían excepciones, de que tampoco allí habían liquidado a todos los qu