—Hace mucho que no paso por Londres. Todos estos vehículos son muy desconcertantes. Pero me gusta…, me encanta. Tanto ajetreo, aunque, al mismo tiempo, la ciudad está muy tranquila en comparación con lo que era cuando yo vivía aquí.
—¿Tranquila? —se extrañó Tubby.
—Desde luego. Antes había adoquines, y los carros y las carretas chillaban y traqueteaban como el demonio.
—¡Pero eso fue hace muchos años!
—Sí. Soy mayor de lo que parezco.