Primer Ministro inglés Winston Churchill había iniciado una dura denuncia contra Perón como nazi-fascista, furioso por las políticas de ese secretario de Trabajo que decretaba aumentos de salarios, aguinaldos, vacaciones pagas y otros beneficios a los trabajadores, afectando los ingresos de sus inversiones en bancos, frigoríficos, puertos, trenes y otros rubros, que poco después serían nacionalizados. A su vez, en nuestro país el Partido Comunista, al igual que el Socialista, sufrían un duro drenaje de cuadros obreros que comenzaban a seguir al Coronel.