La colonia quedaba en una de las playas públicas más sucias y macilentas de Victorica. Para quien no conozca esta austral región de Sudamérica, recordaremos que fue en 2197 cuando se derritieron masivamente los hielos antárticos, y al subir el mar a niveles jamás vistos, la Patagonia, región otrora famosa por sus bosques, lagos y glaciares, se transformó en un reguero desarticulado de pequeños islotes ardientes. Pero lo que nadie imaginaba era que esta vaticinada catástrofe climática y humanitaria, milagrosamente, le diera a la provincia argentina de La Pampa una inédita salida al mar que transformó de cuajo su geografía. De un día para el otro, La Pampa pasó de ser un árido y moribundo desierto en el confín de la Tierra, resecado por siglos de monocultivo de girasol y de soja, a la única vía, junto al Canal de Panamá, de navegación interocéanica de todo el continente. Esta inesperada metamorfosis insufló a la economía regional de constantes y suculentos ingresos por tarifas portuarias, además de que le dio acceso a noveles y paradisíacas playas que atrajeron a veraneantes del mundo entero