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Musaicum Books

  • Alejandra González Romoцитирует2 года назад
    ntes de casarse, ella había creído estar enamorada, pero como la felicidad resultante de este amor no había llegado, debía de haberse equivocado, pensaba, y Emma trataba de saber lo que significaban justamente en la vida las palabras felicidad, pasión, embriaguez, que tan hermosas le habían parecido en los libros.
  • Alejandra González Romoцитирует2 года назад
    Había en el convento una solterona que venía todos los meses, durante ocho días, a repasar la ropa. Protegida por el arzobispado como perteneciente a una antigua familia aristócrata arruinada en la Revolución, comía en el refectorio a la mesa de las monjas y charlaba con ellas, después de la comida, antes de subir de nuevo a su trabajo. A menudo las internas se escapaban del estudio para ir a verla.
  • Alejandra González Romoцитирует2 года назад
    Sabía de memoria canciones galantes del siglo pasado, que cantaba a media voz, mientras le daba a la aguja. Contaba cuentos, traía noticias, hacía los recados en la ciudad, y prestaba a las mayores, a escondidas, alguna novela que llevaba siempre en los bolsillos de su delantal, y de la cual la buena señorita devoraba
  • Alejandra González Romoцитирует2 года назад
    En aquella época rindió culto a María Estuardo y veneración entusiasta a las mujeres ilustres o desgraciadas: Juana de Arco, Eloísa, Inés Sorel, la bella Ferronniere, y Clemencia Isaura para ella se destacaban como cometas sobre la tenebrosa inmensidad de la historia, donde surgían de nuevo por todas partes,
  • Alejandra González Romoцитирует2 года назад
    El pobre hombre creyó que estaba enferma y fue a verla. Emma se sintió satisfecha de haber llegado al primer intento a ese raro ideal de las existencias pálidas, a donde jamás llegan los corazones mediocres. Se dejó, pues, llevar por los meandros lamartinianos, escuchó las arpas sobre los lagos, todos los cantos de cisnes moribundos, todas las caídas de las hojas, las vírgenes puras que suben al cielo y la voz del Padre Eterno resonando en los valles.

    Se cansó de ello y, no queriendo reconocerlo, continuó por hábito, después por vanidad, y finalmente se vio sorprendida de sentirse sosegada y sin más tristeza en el corazón que arrugas en su frente.
  • Alejandra González Romoцитирует2 года назад
    ¿Acaso un hombre no debía conocerlo todo, destacar en actividades múltiples, iniciar a la mujer en las energías de la pasión, en los refinamientos de la vida, en todos los misterios? Pero éste no enseñaba nada, no sabía nada, no deseaba nada. La creía feliz y ella le reprochaba aquella calma tan impasible, aquella pachorra apacible, hasta la felicidad que ella le proporcionaba.
  • Alejandra González Romoцитирует2 года назад
    el aburrimiento, araña silenciosa
  • Alejandra González Romoцитирует2 года назад
    «Juan Antonio d'Andervilliers d'lberbonville, conde de la Vaubyessard y barón de la Fresnaye, muerto en la batalla de Coutras, el 20 de octubre de 1587.» Y en otro: «Juan Antonio Enrique Guy d'Andervilliers de la Vaubyessard, almirante de Francia y caballero de la Orden de San Miguel,
  • Alejandra González Romoцитирует2 года назад
    Emma se volvían automáticamente a este hombre de labios colgantes, como a algo extraordinario y augusto. ¡Había vivido en la Corte y se había acostado en lechos de reinas! Sirvieron vino de champaña helado. Emma tembló en toda su piel al sentir aquel frío en su boca. Nunca había visto granadas ni comido piña. El azúcar en polvo incluso le pareció más blanco y más fino que en otros sitios.
  • Alejandra González Romoцитирует2 года назад
    Se suscribió a La Corbeille, periódico femenino, y al Sylphe des salons.
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