Las aplicaciones son fantásticas si atienden cuestiones cotidianas y, por lo tanto, nos
dejan libres para poder explorar caminos nuevos, forjar relaciones más profundas,
ponderar los grandes misterios de la vida o desarrollar una identidad única y significativa.
Por el contrario, si las aplicaciones no hacen más que convertirnos en holgazanes más
habilidosos que no piensan por sí mismos, ni se plantean preguntas nuevas, ni establecen
relaciones importantes, ni modelan una identidad adecuada, completa y en desarrollo
constante, entonces no hacen otra cosa que pavimentar el camino hacia la servidumbre,
psicológicamente hablando