Es como un ejercicio de presente absoluto —digo.
—¿El collar?
—Sí, el collar. —Sin quitármelo, lo extiendo con la mano para que se vea mejor—. ¿Lo ves?, no tiene estrategia. Matilda va metiendo las cuentas sin pensar cuál es el principio, el medio o el final. Elige la cuenta que quiere en cada momento y sólo le importa eso.