Siempre estaba lleno de ideas nuevas, de proyectos, de planes. Pero nunca realizaba nada. Ardía en él un fuego nuevo; casi se podía oír su crepitar suave mientras explicaba, describía o exponía algo nuevo; pero al cabo de un momento el fuego se había consumido y sólo quedaban cenizas, y Jonathan se paseaba con una mirada anhelante en sus ojos negros