Borges, entonces, se llena de recuerdos. Querría ordenarlos, pero le vienen como en oleadas. Las veces que iban a nadar. Las tardes en Zurich; el prostíbulo en Zurich. La vez que Borges llegó llorando por la pelea con un compañero de escuela y Jorge Guillermo le dio un cuchillo para que aprendiera a defenderse; Borges tenía 9 años. Fue en la biblioteca del padre donde se formó como lector. Entraba sin pedir permiso y se tiraba al piso a leer, a dibujar, a jugar al ajedrez. Ahí leyó sobre Aquiles y la tortuga y sobre la flecha de Zenón. Borges se sienta, se tapa la cara con las manos.