Decidí leer “Noches azules” (aunque a lo largo de mi lectura siempre lo llame noches tristes) porque acabando “El año del pensamiento mágico” descubrí que Quintana había muerto y no quería dejar a Didion sola (ya sé que lo que escribo no tiene sentido lógico, Didion también ha muerto ya) pero a lo largo de las páginas me percaté que a la que no quería dejar sola era a mí, quería respuestas, indicaciones, un camino que seguir ante esa situación. No lo hallé.