Tienes que conectar con tu ira para curarla. Mientras das golpes a una almohada, no estás en contacto con tu ira de un modo que te permite comprenderla. Ni siquiera estás en contacto con la almohada, porque, si lo estuvieras, sabrías que no es más que una almohada.
Suprimir tu enfado puede ser peligroso. Si lo ignoras, puedes explotar. La ira, como todas las emociones fuertes, quiere expresarse. Así que, ¿cómo la tratamos? Lo mejor que podemos hacer es volver a nosotros mismos y cuidar de ella. Podemos recordar el primer mantra y estar disponible para lo que necesitemos mientras cuidamos de ella. Debemos regresar a nosotros mismos y conectar el cuerpo con la mente. Regresar a la práctica de la respiración consciente y el caminar consciente. Estar presente significa ser consciente y utilizar la atención plena para reconocer, aceptar y analizar profundamente nuestras emociones fuertes.
Normalmente, cuando la ira se manifiesta, queremos enfrentarnos a la persona que creemos que es la causante. Estamos más interesados en dejar las cosas claras a esa persona que en lidiar con el problema más urgente, que es controlar nuestra propia ira.