La única forma garantizada de que no nos beneficiaremos del fracaso —de asegurarnos de que es malo— es no aprender de él. Seguir probando lo mismo una y otra vez (no en balde ésta es la definición de la demencia). La gente fracasa en cosas pequeñas todo el tiempo, pero no aprende, no escucha, no ve los problemas que el fracaso pone en evidencia. Y éste no la hace mejor.