Nuestra renovada mente adolescente empieza a explorar consciente y creativamente los significados más profundos de la vida, de la amistad, de los padres, del colegio, de todo. También la habilidad para reflexionar sobre nuestra propia personalidad surge en estos años. Mientras que los genes determinan en parte el ritmo de estos cambios, la experiencia –aquello en lo que pensamos, lo que charlamos con los amigos, cómo pasamos el rato– nos ayudará a ampliar esta nueva manera de pensar en el mundo. Por ejemplo, puede que algunos jóvenes no se detengan en pensamientos reflexivos de este tipo o en conversaciones con sus amigos o con su familia. En este caso, su experiencia interpersonal para cultivar la conciencia de sí mismos puede que no se desarrolle tan bien