Va tocando temas de cuidado y salud mental y lo hace colocando sobre la mesa la tensión, el dolor, la empatía.
Se paraliza la respiración a cada párrafo, a cada secuencia manteniendo la expectación por lo que sucederá. Unas vacaciones de mal agüero.
Schweblin construye escenarios del horror cotidiano con una sutileza increíble.